viernes, noviembre 20, 2009

El gusto es mío.

Él:

Perfecta pulcritud.
Movimientos exactos.
Todo medido.
Todo calculado.
Peinado ideal.
Cabellos alineados.
Uñas redondas.
Uñas cortadas.
Uñas limadas.
Uñas pulidas.
Sonrisa medida.
Traje nuevo.
Traje caro.
Traje único.
Objetivos precisos.
Tiempo calculado.
Guantes.
Sombrero.
Aroma agradable.
Zapatos brillantes.


Él, con su andrajosa soltura, su fodonguez absoluta, su hedor que producía vómito. Las rastas llenas de cebo y nudos. Los tenis parecían salidos de un bote de basura, uno de un color y otro de otro, con manchas y agujeros. No sabía a donde quería ir, ni cuando, ni mucho menos cómo quería llegar a un lugar que ni siquiera sabía si quería. La vida lo llevaba por ahí...o por allá? O la vida no lo llevaba a nada?
El no tener dientes no era algo que no le diera chance comer cosas duras como tortillas secas, o cáscaras de naranja. Llevaba puesto una chamarra, dos playeras, y unos pantalones debajo de los shorts. Las manchas de su piel se parecían al cartón mojado. Recargado en la puerta del metro lo miraba a él.

Él:
Bajó su vista.
Lo vió.

Él, se dió cuenta que lo estaba mirando, y sonriendo sin dientes dijo:
Hola.

Él dijo:
El gusto es mío.

martes, noviembre 10, 2009

Setecientos mil cuatro

Erainviernoyporlomismolasteclasdemimaquinadeescribirestabanpegadas.Nonevabaperohacíamasfrioquecuandonieva.Sí,sedicenievaynoneva.Escomoconjugarelverbo"cerrar"Lapuertasecierra,nosecerra.Cerrarynevarseconjuganigual.Nonevabaperohacíamasfríoquecuandoneva.Ahnoperdón,másfríoquecuandonieva.Enfin,hacíatantofríoquelasteclasseguíanpegadas.Depronto,escuchéunavozdetrásdemíquedijo:Setecientosmilcuatro.Nopodíasernohabíanadieenelcuarto,peroyoescuchéclaramente"setescientosmilcuatro".Nopenséenquienlohabíapodidodecir.Simplementequisesabercomoseescribíaesenúmero.Entoncescomencéateclear700004 y milagrosamente mi máquina de escribir se destrabó. No era el frío, era que mi máquina se había puesto terca y no quería funcionar bien hasta que no mencionara (con sus propias teclas) la cantidad exacta de piezas de las que estaba hecha.

sábado, noviembre 07, 2009

Perdónenme


Amigos y amigas lectores y lectoras (si aún los hay)
Lo sé, no tienen que decirme nada. Los abandoné como un borracho deja sus llaves, lo sé. Sé que tal vez los he perdido, como un alzhaimeriano pierde la memoria. Pero no quiero abandonarlos. No, no y no.
Sé que no bastan las excusas, y que mis perdones son tardíos, pero aún así quiero decirlo.
Con la chamba y sin mi querida campu, me era muuuuy dificil escribir aquí.
Sin embargo, quiero pedirles perdón con un nuevo formato de escribir que me acabo de inventar. Se llaman los cuentuitos, y los inventé para twitter. Los pueden leer ahí, o en facebook o aquí, donde les sea más placentero.
Si me quieren seguir en twitter soy carlosjoseperez y bueno, ahí les van los cuentuitos que he publicado y les prometo que no los abandonaré más. Ahora tengo un poquitín más de tiempo....(sí y de tristeza por la distancia que me separa de mi amor), pero también tengo la campu reloaded con la que les estaré escribiendo aquí, allá y por todos lados.
Los quiero lectores!!!
y nuevamente: Perdón, no me dejen de leer!!!!

jueves, octubre 29, 2009

El amor llega a oleadas

El amor llega a oleadas pasajeras
como el mar o la información financiera
el amor llega así, como un invitado sin reservas,
como el olor a lluvia en tierra seca.

El amor llega así inesperado y nos ataca,
nos tira, nos derriba,
el amor llega y nos desarma
y perdemos las posibilidades, los rencores,
las tragedias.
(y nos queda la esperanza)
El amor llega a oleadas y sorprende
Sólo espero que estés cerca cuando llegue.

martes, octubre 27, 2009

El abandono

El abandono llega, no se busca.
Un martes cualquiera, cerca de las ocho de la noche, cuando uno cree que la vida es plana.
El abandono no avisa, ni hace cita, ni te lo plantea.
El abandono no te deja, te acompaña.
Y te acompaña tanto que quisieras que te abandonara.

viernes, septiembre 04, 2009

Alabeo


Estoy cansado. En realidad preferiría escribir la historia que se me ocurrió ayer mientras caminaba por la tienda de chácharas egipcias, pero mi cansancio y desesperación son un poco más fuertes que las ganas de escribir de ese tema.
Prefiero escribir para desahogarme un poco, para liberar el cansancio que, aunque tampoco es tanto como para dejarme tirado sin escribir, sí es lo suficiente para que sea necesario para mi estas palabras autocomplacientes.
Estoy varado en el aeropuerto de San Luis Potosí. Insisto, no es la peor situación en la que he estado, y la palabra "varado" puede resultar un poco exagerada. La realidad es que mi vuelo viene atrasado casi hora y media, y eso, sumado al calor bochornoso, al hambre recién resuelta y al cansancio producido por una intensa semana de encuestas y visitas a las tienditas, crea en mí un sentimiento de ahogamiento que casi se vuelve hinchazón.
La señorita es bruta. Que me perdone Dios por no aceptar a ésta, su hija, pero cada vez que vengo al restaurancito del aeropuerto, crece en mí las ganas de lanzarme a su cuello y zarandearla para que reaccione. Me recuerda a Albertina, la hermana de la señora Tere y de Manuelita, quienes -contrarias a la hermana en cuestión-nos ayudaron durante tantos años con diligencia en la invaluable labor de la casa.
En fin, la señorita lenta tarda en darse cuenta que te sentaste en la mesa, tarda en pasar por tu mesa y decirte: "¿se le ofrece algo?" (hasta dan ganas de decirle, no, no se me ofrece nada y por eso vine.....) tarda también en entregarte la carta, tarda en regresar para tomarte la orden, tarda sobre todo en traerte los platillos o bebidas que pediste, tarda también en retirarte los "muertos" o trastes sucios, tarda en traer la cuenta y no se diga en traerte unos limoncitos o un cuchillo si la ocación lo amerita. Tarda también cerca de trescientos millones de minutos en cobrarte y el doble en elaborarte la factura.
Eso es sólo un pequeño detalle, una pequeña razón de mi desesperación, la puntitititita del iceberg de mi ya próxima explosión de gritos, mesas aventadas, y cuentas sin pagar...pero esto no va a pasar, no, porque estoy escribiendo, porque estoy sacando muy lentamente (como deshago de una gran presa) mi tensión por medio de estas sencillas y complejas palabras que no son para nadie sino para mí.
Lo del coche fue pura suerte. Mala al principio, excelente a la mitad y buena al final, hace una media hora.
Renté un coche (uuuy aquí también sería una larga historia si contara lo que los incompetentes de Hertz hicieron con mis sentimientos) Y camino a la bodega (sí, aquí en SLP) se me hizo fácil meterme por un callejón lleno de charcos, tierra y lodo, que en la madrugada parecía más el esófago de un dromedario gigante que un camino transitable. El valor y la temerosidad (o temerarismo) surgieron en mí, y hasta la frase "Dios ama a los aventurados" vino a mi mente como un apoyo a mi decisión de meterme a ese camino atroz.
Y ahí voy, brincando con el coche rentado, sintiendo la adrenalina propia de un rally y yo imaginaba que el humilde Attitude era una Jeep Sahara. Pero no.
Casi al final de la calle (si se le puede llamar así a ese camino de la muerte) un fuerte sonido de golpe inundó el interior del coche. Juc! Y el humilde Attitude quedó literalmente varado en un pequeño cerrito de tierra y piedras, mientras la llanta de atrás flotaba al aire y la de adelante patinaba en un charco tan profundo que ni siquiera la llanta tocaba el fondo.
Stucked. Atorado. Trabado.
Y ahí voy, con el espíritu aventurero intacto, a bajarme del coche e intentar "sacar" el coche con las experiencias de atascamiento anteriores y con mis señoriales pantaloncitos de vestir, camisa y sueter de ejecutivazo.
Resultado: Lodo (de dudosísima procedencia) hasta casi las rodillas, un volante confitado, forrado de lodo (¿no hay un sinónimo de lodo? ah sí fango!) bueno, un volante confitado de fango y un coche (el mismo coche) igual de atascado-atorado que al principio. (por eso dije el mismito coche, atorado como tortuga en un pequeño cerrito)
La gente pasaba y medio ayudaba. No se comprometía, empujaba un poco, preguntaba: "¿se te ofrece algo?" pero hasta ahí. Entonces le marqué a Luis. Me dijo, ahorita vamos con los chavos. Y en menos de cinco minutos, estaban ahí nueve preventistas, con sus uniformes de Kraft y con esa fuerza y unión que los caracteriza (eso suena a comercial o a discurso motivador) y con sus fuerzas cargaron (cargamos?) el coche hasta aventarlo lejos, como una piedra hasta donde pudiera cualquiera de las llantas tocar el suelo (y por lo tanto avanzar).
Y !oh sorpresa! porque con la valiosa ayuda, también llegó el precio. El coche rentado estaba abollado. Sí, alguien se había apoyado tan fuerte en la delgada lámina del humilde Attitude, que la había sumido justo arriba de la tapita del tanque de gasolina.
Y ahí es donde reconozco que surgió la poca suerte que tengo. Que hoy (luego de una semana de uso intenso) al entregar el coche, el hombrecito de Hertz no percibió que tenía abollado ahí y por lo tanto no me cobró la reparación. ¿Cómo lo logré? Lo intenté todo. Un supervisor me dijo que se podía sacar con un "golpecito" pero nada. Luego que quitáramos la llanta (lo hicimos hoy con el tiempo encima porque ya tenía que estar aquí, en el aeropuerto) También lo intentamos por la cajuela, y nada.
Finalmente apliqué el maquillaje y como toda la ciudad estuvo muy sucia y llena de lodo, se me ocurrió llevarlo al extremo y tomando una botella vacía de refresco la llené de fango (bingo por el sinonimo) y comenzé a manchar "esa parte" del coche para que con la mugre no se viera.
Resultado: No estoy endeudado por el daño al coche que renté.

Me despido, el tiempo pasó mientras escribía, ya casi es hora de que aborde mi avión, mientras tanto yo los dejo aquí con este texto (que aunque dije arriba que era para mí, todos sabíamos que también escribía para ustedes) y me despido desde este restaurancito donde atienden lento pero que uno puede satisfacer sus necesidades básicas: comer, ir al baño y escribir. Después de desahogarme y contar mi historia, me despido de ustedes fieles e infieles seguidores desde aquí, del Restaurante Alabeo.

lunes, agosto 10, 2009

Reflexiones sobre un supuesto escritor encontrado en el avión.


Junto a mí está un escritor. No puedo negarlo. No sé quién sea, pero tiene toda la finta y desde que nos vimos hubo un contacto visual medio raro, como si me dijera "ey! soy escritor y sé que tú también" y ahora estoy convencido que es alguien importante. O al menos eso es lo que quiero creer.
Esta leyendo un libro de poesía.. ¿quién lee poesía?
Tiene el look de Carlos Fuentes: canoso, los ojitos brillosos, pero... no estoy seguro que sea él. Esa barba de candado no termina de convencerme.
Quisiera preguntarle, acercarme así, sin más y decirle "¿quién eres?" la simple idea de saber que escribe, ya hacen que parezca interesante.
¿Pulshki?¿Pulshik? Es el apellido del autor de lo que está leyendo. Y, lo digo en serio ¿quién lee poesía?
No sé quién sea, y tal vez no vaya a tener el valor (o el reverendo acto de idiotez) de preguntarle, tal vez ni sea escritor y si lo fuera ¿qué me importa? Si fuera alguien que yo conociera, lo reconocería..pero la simple incertidumbre y la posibilidad de estar con alguien que comparte ese gusto por las palabras (y por la poesía) ya resulta interesante.

Tal vez estoy escribiendo con mi Moleskine con la intención de que me vea y sea él el que me muestre algo de interés. No tal vez, seguro. Lo sé, para qué me hago tonto.

Y también sé que estoy escribiendo esto para publicarlo mañana u hoy mismo en mi blog (*) Para que lo lean y digan...ese Carlitos tan chistoso, tan único, tan ... no sé. Lo que sí sé es que llevo tres páginas de mi libretita Moleskine y que, ya sea por llamar su atención o la de mis lectores, sigo escribiendo.

Y sí, reconozco que muero por ser escritor reconocido. Tan reconocido como él, que nadie en el avión reconoce. Tan reconocido como cualquier escritor que sólo es reconocido por otros escritores. Por eso creo que él es escritor, porque yo lo reconocí y por eso creo que yo soy escritor, porque lo he reconocido.

Si él no es escritor, puede que me equivoque en mi persepción, pero no por eso dejo de ser escritor, yo sigo siendo escritor porque aquí están mis palabras.
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Posdata:
Hay una mosca en el avión. ¿Sabrá que va volando mientras va volando? o mejor dicho: ¿Sabrá que va volando, mientras va volando, mientras va volando?

jueves, julio 30, 2009

Flapjack-Creepy old man

Mi nueva caricatura favorita!! The Misadventures of FlapJack está genial!!!

domingo, julio 05, 2009

Bacon Paradise


La cajuela de la camioneta cerró con un fuerte golpe.

El olor a cerdo era penetrante y la sangre comenzaba a secarse en su mandil blanco.



Raúl era un asesino autorizado.


Cada vez que empuñaba fuerte el punzón afilado y deteniendo al animal, asestaba violentamente a su corazón, o cada vez que con una pistola eléctrica disparaba en su cuello, cada vez que los porcinos caían al suelo derrotados, una suave sonrisa amanecía en su cara. Disfrutaba con la muerte.


El día de hoy, se sentía satisfecho. Hacía mucho tiempo que no mataba tantos puercos, que no obtenía tanta carne. Sabía que su mujer estaría contenta.

Lomo, pierna, carnitas, chicharrón, tocino, jamón, esos grandes cuerpos inmóviles apilados en su camioneta eran su mina de oro. El colesterol, su materia prima, su alimento, su sustento.



En su casa, una dulce mujer lo esperaba.


La personalidad de Carmen claramente contrastaba con la de su marido. Ella, una mujer tan sensual y tan elocuente, él, tan salvaje e introvertido. La pareja perfecta.



Todas las tardes ella lo recibía con un abrazo profundo. En secreto disfrutaba del olor carnicero, y mientras él se preparaba para dormir, ella lo llenaba de palabras y palabras. Le platicaba de lo que había hecho en el día, de lo que había pensado, de lo que se había imaginado. Reía, cambiaba su tono de voz, movía las manos, gesticulaba. Raúl, la escuchaba sin mirarla. Se cambiaba de ropa, se lavaba las manos y la cara y se sentaba en la cama. Carmen seguía hablando hasta que se le terminaban las ideas. Luego, dormían abrazados.


Pero hoy, algo sería diferente. Una extraña sensación invadía el pecho del carnicero.

Raúl terminó de acomodar los cuerpos de los cerdos y partió hacia su casa.


La chapa de la puerta de su casa se sentía tibia. Tal vez alguien la había estado agarrando momentos antes.


Raúl comenzó a subir la escalera mientras se desabotonaba la camisa.


Un sonido extraño se escuchaba en su recámara.


Avanzó de prisa y se detuvo en la puerta. Dudó.


No había duda. Ese grito había sido de su esposa.


Lentamente, con la calma con la que asesinaba puercos, tomó el punzón afilado y lo apretó fuertemente.

miércoles, mayo 27, 2009

Desde la otra frontera


Así es amigos, ahora estoy en Nuevo Laredo Tamaulipas, a unos cuantos pasos de la frontera, pero ahora de la del norte.

Llegué el martes en la tarde. En el vuelo, además de un exagerado ruido con el carrito de las bebidas y una espantosa voz de la sobrecargo, todo fue muy bien.

Al descender el avión, ya listo para el aterrizaje, empecé a ver las polvorientas carreteras del norte. El desierto y las trocas me hicieron recordar en que parte del país estaba ahora.

"Arriba el norte!!" pensé "...y si no me creen, que miren el mapa". El espíritu de todos mis hermanos voluntarios renacía en mi corazón al sentir que me acercaba cada vez más a esta tierra calurosa y no sólo de clima, sino sobre todo de personas tan abiertas y amables.

En el aeropuerto pregunté por la renta del coche. "¿Es posible que alguien pase su tarjeta de crédito en otra ciudad y que la deje como garantía en mi nombre?" le pregunté al encargado de Budget. "Sí, no habría ningún problema" dijo "a mi me mandarían de Monterrey la copia de la tarjeta de su compañero y yo podría darle el auto" todo parecía tan fácil... pero mi experiencia en renta de autos me decía lo contrario. Es tanto el relajo que se tiene que hacer por no tener una tarjeta de crédito (la cual piden FORZOSAMENTE para rentar uno) que ya sabía que las cosas no iban a ser tan fáciles como parecían.

Hablé con el gerente regional, ya era tarde. "Sí Charly" dijo "yo mañana paso mi tarjeta".

Para esto, yo ya estaba en el hotel. Un City Express como los de cualquier otro lugar: Austeros, con sus pasillos medio oscuros y sus lavamanos-mueble de una pieza que abarca todo el baño. Con sus aires acondicionados abajo de la ventana y sus persianas dobles. Todos iguales.

Había llegado al hotel después de una agradable charla con el taxista. Un hobre que no podía describirse mejor que con la palabra "norteño": bigote y asento incluídos. Abierto y sincero. Platicador. Me explicó que en Nuevo Laredo hay cerca de 7oo mil habitantes. Que según el gobierno son 300 o 200 mil, pero que estas cifras las dice el INEGI para no reconocer que son más y no tener que mandar más apoyo económico a la ciudad. Me dijo también, que la inseguridad no es tanta. "Yo creo que es como en todos lados" me explicaba "si te metes en problemas, pues los encontrarás, si eres tranquilo, y vienes a lo que vienes, no te pasará nada" yo le agradecí por ese consejo. Le pregunté además si era difícil cruzar la frontera. "No", me dijo "si tienes todos tus papeles en orden, no hay ningún problema" Hablamos también de las calles de la ciudad y de cómo era la gente aquí. En voz alta le dije mi conclusión "las calles son como las personas: todas derechas" Él sólo rió y yo me enchinaba el bigote para no parecer tan fuereño.

Trailers y nopales. Carreteras anchas y polvosas. Me acordé de las películas del sur de los Estados Unidos: el inicio de Men in Black, o los orígenes de Kate, la de Lost.

En fin, ya estaba yo en Nuevo Laredo.

Hoy en la mañana le hablé al gerente para recordarle lo de la tarjeta. "Íjole Charly, ¿para cuando lo necesitas?" dijo "¿cómo que "para cuando..."? pensé un poco enojado. Por eso le había mandado mails desde la semana pasada, para irle avisando. "Para hoy" le dije. "Ya estoy en Nuevo Laredo desde ayer" le recordé (pero creo que nunca se lo había mencionado) "Es que yo estoy en Monclova y no creo que haya una agencia aquí" dijo. "Háblale a Diego, él está en Monterrey y también tiene tarjeta. Le hablé. Quedó de hacerlo y a los pocos minutos me llama "¿Que crees Charly?" y yo ya lo veía venir..."que los de Monterrey dicen que necesito una carta corporativa de Kraft para hacer ese trámite" "Noooo" pensé. (y es que de verdad el coche es un instrumento muy necesario para la chamba que estoy haciendo. ¿Un Taxi? pensarán ustedes, pero uno no puede subirse a un taxi y decirle: lléveme por ahí a buscar un distribuidor o una tienda o a perseguir una camioneta de Bimbo)

Volví a hablar a la agencia de aquí y les conté con toda tranquilidad el problema que era conseguir la carta corporativa que necesitaban en Monterrey. "Olvidemos lo de Monterrey" me sugirió el encargado de Nuevo Laredo. "Que me envíe por mail copia de su tarjeta de crédito y de su credencial del IFE". Todo parecía resuelto.

"No me lo vas a creer Charly" me dijo Diego cuando le hablé para pedirle esas dos copias "no tengo Ai Di (ID). Hace poco me robaron mi cartera y lo único que tengo es la credencial de Sam´s" Ya se imaginarán mi sentimiento de frustración.

Volví a hablar a la agencia de N. Laredo y dijeron que no había problema. "De Sam´s y la credencial de su empresa"

En fin, se resolvió así.

Al llegar a la agencia parecía que habían contratado a la persona más inepta para entregar un auto. Y no quiero ser exagerado (bueno sí) pero de verdad era muy estúpido. Con decir que no sabía nada del contrato que me estaba haciendo firmar.

Interrumpo mi narración para escribir que en este momento se desató una estrepitosa lluvia. El cielo se ilumina completo y se escuchan muy fuerte los truenos. La luz parpadea en el hotel y una alarma de un automovil del estacionamiento se activó por el estruendo.

Continúo.

Los detalles de mi trabajo no los quiero relatar. Además de haberlo hecho todo el día, no quiero poner a recordarlo ya que...recordar es volver a vivir y estoy cansado.

Sólo diré que esto de prospectar distribuidores es toda una aventura. Perderse en ciudades desconocidas, sentir que todos te ven feo por tu acento chilango......

¿qué onda? La tormenta sigue y se escucha el aire a través de las puertas (el típico sonido de fantasma) jaja me siento en un hotel embrujado, y yo aquí escribiendo. Parecería que cuando me propongo escribir, las aventuras acuden de inmediato.

Continúo.

Estaba con lo de las aventuras de prospectar. Como decía es muy divertido y emocionante.

En mi perdida por la ciudad, pasé por un puente ferroviario y una fábrica vieja que me encantó. Todo abandonado y oxidado. El recuerdo de un esplendor ya olvidado. Unas excelentes fotografías se podrían sacar ahí, pero no traje cámara esta vez y aunque la hubiera traído, no podía detenerme ahí por ser una vía rápida.

Ya encontré distribuidores. Dos, y parece que los dos son buenos.

Hace rato, antes de sentarme a escribir, tenía unas inmensas ganas de una cerveza. Fui al restaurán de al lado del hotel pero ya habían cerrado. Eran las 11 y cerraron 1030. No me quería quedar con las ganas y decidí atravesar la avenida del hotel para llegar a una especie de local donde, además de tener una gran bocina que da a la calle y que todo el día tiene música ranchera, tambien venden arrachera, quesadillas y frijoles. Y donde se puede leer la frase "ya tenemos huevos al gusto". Ya estaba muy oscuro y la simple idea de atravesar esa avenida resultaba arriesgado: los trailers con sus grandes luces y el peligro de la noche en la ciudad fronteriza. Para hacer esto más dramático, la avenida tenía un pequeño muro de contención en el centro. Tenía que llegar primero a la mitad, luego, cruzar.

Lo hice y en el restauransucho no tuvieron cerveza. Mientras cruzaba de nuevo la avenida, con mi cigarro encendido, quise llevar más lejos mi aventura y me paré en el muro de contensión sabiendo que al contarlo o escribirlo, más de uno me iría a decir "ay Charly, siempre tan imprudente" aún así lo hice y pensé: "no pude tomarme mi cerveza, pero estoy haciendo esto que me gusta: arriesgarme" y como si lo hubiera mandado pedir, en la gran bocina del restauransucho Vicente Fernández cantaba "por darle rienda suelta a mis antojos..." Yo únicamente sonreí. "Lo tengo que escribir" pensé. Y heme aquí, de nuevo a las 12:35 de la noche concluyendo este relato para todos ustedes "desde la otra frontera"