Enfriemos nuestras mentes para poder actuar

El calentamiento global nos ha llenado la cabeza de ideas. Ideas que tarde o temprano también calentarán nuestros cerebros. Y es que cuando un tema se pone de moda, parecería que tenemos la obligación todos los seres humanos de opinar acerca de ello. Es como si a alguna persona se le ocurriera hablar de eso, y todos los demás, por un deber cívico, tuviéramos que declararnos a favor o en contra del mismo. Esto ha pasado con el calentamiento global, con la guerra de Irak, con el tema del aborto, con la globalización, el terrorismo, el petróleo, y la lista podría ser más grande.
No quiero decir que los temas de la agenda pública sean temas irrelevantes, no. Pero sí reconozco que quien no muestra un claro punto de vista frente al tópico de moda, puede quedar frente al grupo como un indiferente, un ignorante y hasta un irresponsable. Lo de hoy es hablar, opinar aunque no se domine el tema, repetir ideas de los líderes de opinión, reproducir argumentos escuchados en la familia o con los amigos. Se puede no conocer el tema, y hablar sin fundamento, pero lo que es imperdonable es guardar silencio.
Esta práctica, que se está haciendo costumbre, de hablar sin tener claros los argumentos, nos ha llevado a una época de opinionitis, donde los temas verdaderamente importantes se diluyen con temas intrascendentes. Y donde se le da más peso a lo que se dice que a lo que se hace. Este es el caso del calentamiento global.
Creo que el tema del calentamiento global es un tema demasiado amplio, que es imposible abordar con ligereza. Considero que, desde que se sacó el tema a la agenda pública—hace ya unos tres años—se ha dicho mucho y se ha hecho muy poco. Existe gran cantidad de documentales, revistas, programas de televisión, libros, páginas de Internet y blogs, donde se habla del acelerado calentamiento de nuestro mundo. Pero existen muy pocas personas que—actuando de forma consecuente—han cambiado sus hábitos de consumo y de forma de vida hacia un modo de vida más responsable con el medio ambiente.
Y es que mucho del material que existe sobre el tema, se encarga más de asustar, de advertir, de alarmar, que de proponer. Son más los documentales que hablan—como el que vimos en clase—de las graves consecuencias del calentamiento, que los que tratan de explicar alternativas viables para adoptar un estilo de vida sustentable.
Lo malo de esta situación no es la saturación de contenido, ni la falta de propuestas. Finalmente, estas dos carencias no tienen un impacto directo en el medio ambiente. Lo que es realmente alarmante, es que mientras opinamos, debatimos, discutimos y nos ponemos de acuerdo, seguimos utilizando grandes cantidades de energía, seguimos consumiendo productos innecesarios de manera desmedida, es decir, mientras hablamos, leemos o escribimos del calentamiento mundial, seguimos muy campantes calentando nuestro planeta.
Pensándolo bien, creo que algunas personas sí han empezado a tomar medidas para enfriar un poco a la Tierra. Son varias familias las que han cambiado sus focos incandescentes por unos de gas neón, los cuáles son mucho más fríos y consumen mucha menos energía eléctrica. En algunos lugares separar la basura—y reciclar algunos desechos—se ha convertido ya en una costumbre. Otras personas han optado por caminar o ir en bicicleta a lugares cercanos, en lugar de gastar gasolina y producir emisiones de CO2. Algunos individuos conscientes ya no utilizan bolsas plásticas cuando van de compras, y prefieren reutilizar algunos envases que comprar nuevos. Sí, se está haciendo algo por combatir el calentamiento global.
Pero es que es muy difícil cambiar los hábitos de un día para el otro. Si desde niños nos hemos acostumbrado a movernos en automóvil, y si todo mundo lo hace, no podemos de repente decir: “ya no voy a usar el coche nunca más”, porque con esta simple decisión tendríamos que ajustar todo nuestro estilo de vida. Con mayor razón, no podemos cambiar de pronto todos nuestros hábitos porque de verdad que tendríamos que comenzar a vivir otra forma de vida.
Hace un semestre escribí un ensayo acerca de la Globalización y los desechos tecnológicos. Decidí hacerlo de eso porque quedé impresionado con un artículo de la revista National Geographic, en donde explicaba la gran cantidad de desechos tecnológicos que producimos día con día. AL escribir de eso, al analizar—aunque de manera muy superficial—el fenómeno, me pude dar cuenta que es bastante difícil comenzar a vivir sin tantos productos que ya se han vuelto necesarios en nuestro día a día.
Tal vez sea fácil e importante—así como plausible—para algunas personas abandonar su consumo desmedido, dejar la gran ciudad, su trabajo, sus comodidades y adoptar un estilo de vida más ecológico. Tal vez vivir de los productos del campo, ser autosustentable, aprovechar las horas de sol para no gastar electricidad, no desplazarse grandes distancias, etc. Pero considero que la humanidad entera no podría adoptar esta forma de vida. Ya no estamos en una época que el campo nos pueda satisfacer las necesidades de todos. Hoy en día no podríamos irnos todos a vivir a un monte, sembrar, cosechar y cuidar animales. La sociedad está construida de manera tan compleja, y tan especializada que sería casi imposible mantener a toda ella con un estilo de vida que disminuya ampliamente los índices de consumo y contaminación.
Entonces, si por un lado me estoy quejando que los discursos ecológicos no proponen, y por otro lado, estoy diciendo que sería casi imposible mantenernos todos con una vida sustentable, ¿cuál sería el remedio frente a esta amenaza que es el calentamiento global?
Creo que la solución es muy simple, pero al mismo tiempo muy difícil. Es una forma de resolver el problema de manera directa, pero exige compromiso. Si cada persona en el mundo fuera consciente de sus hábitos de consumo—y por lo tanto de contaminación—y se propusiera firmemente frenar este gran calentamiento global, con acciones pequeñas pero concretas, como reducir el uso de automóviles, de energía eléctrica o de agua caliente; si a su vez cada gobierno, institución y grupo humano se comprometiera a desarrollar acciones sustentables, como promover el uso y la explotación de energías alternativas como el viento o el sol, si de verdad todos y cada uno de nosotros nos responsabilizáramos por este gran problema que nos amenaza, lograríamos hacer un cambio radical en la temperatura de nuestro planeta, lograríamos vivir en un mundo más fresco.

2 comentarios:
Me gustaría que comentaran, pero me encantaría que actuaran, que actuáramos.
Soy pesima actuando, cuando lo he intentado nadie me cree, aparte llorar asi no mas no me sale.
Ja.. no ya seriedad, pues ya sabes que traigo en mi cabeza, y algo que esta muy cañon es el consumo y la producciòn de todo lo que se consume, a fin de cuentas las empresas siguen haciendo sus miles de refris, teles, coches al día, es como dice bovesss un problema nos lleva a otro y a otro y a otro.
Pero bueno, tambien hay cada vez mas estudios para vivir ecologicamente y en la ciudad, edificios orientados de tal manera que se aproveche la mayor luz del dia, que tenga la ventilacion para no usar aire acondicionado o por el contrario aprovechar el sol para calentarlo, muebles y construcciones con materiales sustentables... en fin, si hay mucho que hacer y mucho para informarnos y ACTUAR
Publicar un comentario en la entrada