sábado, diciembre 20, 2008

Remington .45


Sin darme cuenta, casi como si no me estuviera sucediendo a mí, me fui quedando sin motivos.


Primero, obviamente, la felicidad. Ahora me pregunto si algún día la conocí. Sólo tengo recuerdos de la alegría en el pasado. Se me fue escurriendo la sonrisa por el cuello, después, por los hombros y los brazos, hasta salirse completamente de mí por los dedos. Me quedé seco.
Después, el cuerpo. Como hoja de octubre, quedé en los huesos. La humedad me abandonaba evaporándose hacia otros cuerpos. 
Ahora se me han ido también las ilusiones, los dientes y la memoria. 
Creo que lo único que me queda es la muerte.
Podría esperar la muerte, pero ahora tampoco tengo ya tanto tiempo. 

Lentamente, tomo esta pistola fría. Ya está en mi sien. No hay paso atrás. No hay arrepentimiento. Mi dedo acaricia el gatillo. 

Jalo. 

Nada.

También perdí las balas.