viernes, septiembre 04, 2009

Alabeo


Estoy cansado. En realidad preferiría escribir la historia que se me ocurrió ayer mientras caminaba por la tienda de chácharas egipcias, pero mi cansancio y desesperación son un poco más fuertes que las ganas de escribir de ese tema.
Prefiero escribir para desahogarme un poco, para liberar el cansancio que, aunque tampoco es tanto como para dejarme tirado sin escribir, sí es lo suficiente para que sea necesario para mi estas palabras autocomplacientes.
Estoy varado en el aeropuerto de San Luis Potosí. Insisto, no es la peor situación en la que he estado, y la palabra "varado" puede resultar un poco exagerada. La realidad es que mi vuelo viene atrasado casi hora y media, y eso, sumado al calor bochornoso, al hambre recién resuelta y al cansancio producido por una intensa semana de encuestas y visitas a las tienditas, crea en mí un sentimiento de ahogamiento que casi se vuelve hinchazón.
La señorita es bruta. Que me perdone Dios por no aceptar a ésta, su hija, pero cada vez que vengo al restaurancito del aeropuerto, crece en mí las ganas de lanzarme a su cuello y zarandearla para que reaccione. Me recuerda a Albertina, la hermana de la señora Tere y de Manuelita, quienes -contrarias a la hermana en cuestión-nos ayudaron durante tantos años con diligencia en la invaluable labor de la casa.
En fin, la señorita lenta tarda en darse cuenta que te sentaste en la mesa, tarda en pasar por tu mesa y decirte: "¿se le ofrece algo?" (hasta dan ganas de decirle, no, no se me ofrece nada y por eso vine.....) tarda también en entregarte la carta, tarda en regresar para tomarte la orden, tarda sobre todo en traerte los platillos o bebidas que pediste, tarda también en retirarte los "muertos" o trastes sucios, tarda en traer la cuenta y no se diga en traerte unos limoncitos o un cuchillo si la ocación lo amerita. Tarda también cerca de trescientos millones de minutos en cobrarte y el doble en elaborarte la factura.
Eso es sólo un pequeño detalle, una pequeña razón de mi desesperación, la puntitititita del iceberg de mi ya próxima explosión de gritos, mesas aventadas, y cuentas sin pagar...pero esto no va a pasar, no, porque estoy escribiendo, porque estoy sacando muy lentamente (como deshago de una gran presa) mi tensión por medio de estas sencillas y complejas palabras que no son para nadie sino para mí.
Lo del coche fue pura suerte. Mala al principio, excelente a la mitad y buena al final, hace una media hora.
Renté un coche (uuuy aquí también sería una larga historia si contara lo que los incompetentes de Hertz hicieron con mis sentimientos) Y camino a la bodega (sí, aquí en SLP) se me hizo fácil meterme por un callejón lleno de charcos, tierra y lodo, que en la madrugada parecía más el esófago de un dromedario gigante que un camino transitable. El valor y la temerosidad (o temerarismo) surgieron en mí, y hasta la frase "Dios ama a los aventurados" vino a mi mente como un apoyo a mi decisión de meterme a ese camino atroz.
Y ahí voy, brincando con el coche rentado, sintiendo la adrenalina propia de un rally y yo imaginaba que el humilde Attitude era una Jeep Sahara. Pero no.
Casi al final de la calle (si se le puede llamar así a ese camino de la muerte) un fuerte sonido de golpe inundó el interior del coche. Juc! Y el humilde Attitude quedó literalmente varado en un pequeño cerrito de tierra y piedras, mientras la llanta de atrás flotaba al aire y la de adelante patinaba en un charco tan profundo que ni siquiera la llanta tocaba el fondo.
Stucked. Atorado. Trabado.
Y ahí voy, con el espíritu aventurero intacto, a bajarme del coche e intentar "sacar" el coche con las experiencias de atascamiento anteriores y con mis señoriales pantaloncitos de vestir, camisa y sueter de ejecutivazo.
Resultado: Lodo (de dudosísima procedencia) hasta casi las rodillas, un volante confitado, forrado de lodo (¿no hay un sinónimo de lodo? ah sí fango!) bueno, un volante confitado de fango y un coche (el mismo coche) igual de atascado-atorado que al principio. (por eso dije el mismito coche, atorado como tortuga en un pequeño cerrito)
La gente pasaba y medio ayudaba. No se comprometía, empujaba un poco, preguntaba: "¿se te ofrece algo?" pero hasta ahí. Entonces le marqué a Luis. Me dijo, ahorita vamos con los chavos. Y en menos de cinco minutos, estaban ahí nueve preventistas, con sus uniformes de Kraft y con esa fuerza y unión que los caracteriza (eso suena a comercial o a discurso motivador) y con sus fuerzas cargaron (cargamos?) el coche hasta aventarlo lejos, como una piedra hasta donde pudiera cualquiera de las llantas tocar el suelo (y por lo tanto avanzar).
Y !oh sorpresa! porque con la valiosa ayuda, también llegó el precio. El coche rentado estaba abollado. Sí, alguien se había apoyado tan fuerte en la delgada lámina del humilde Attitude, que la había sumido justo arriba de la tapita del tanque de gasolina.
Y ahí es donde reconozco que surgió la poca suerte que tengo. Que hoy (luego de una semana de uso intenso) al entregar el coche, el hombrecito de Hertz no percibió que tenía abollado ahí y por lo tanto no me cobró la reparación. ¿Cómo lo logré? Lo intenté todo. Un supervisor me dijo que se podía sacar con un "golpecito" pero nada. Luego que quitáramos la llanta (lo hicimos hoy con el tiempo encima porque ya tenía que estar aquí, en el aeropuerto) También lo intentamos por la cajuela, y nada.
Finalmente apliqué el maquillaje y como toda la ciudad estuvo muy sucia y llena de lodo, se me ocurrió llevarlo al extremo y tomando una botella vacía de refresco la llené de fango (bingo por el sinonimo) y comenzé a manchar "esa parte" del coche para que con la mugre no se viera.
Resultado: No estoy endeudado por el daño al coche que renté.

Me despido, el tiempo pasó mientras escribía, ya casi es hora de que aborde mi avión, mientras tanto yo los dejo aquí con este texto (que aunque dije arriba que era para mí, todos sabíamos que también escribía para ustedes) y me despido desde este restaurancito donde atienden lento pero que uno puede satisfacer sus necesidades básicas: comer, ir al baño y escribir. Después de desahogarme y contar mi historia, me despido de ustedes fieles e infieles seguidores desde aquí, del Restaurante Alabeo.

3 comentarios:

Mundo dijo...

Te comprendo perfectamente.

Simplemente hay dias que nada mas como que ya solo falta que llegue un perro y te orine la pierna...

Y a veces necesitas desahogarte pero la gente esta tan lejos de ti que no hay manera.

Espero que todo vaya bien y solo quede en aventuras, escribe pronto, al menos tu puedes desahogarte asi.

Saludos Charly!

Mundo

SUNFLOWER in the MOON dijo...

Ah canijo!!! :D como me hace usté reir!!

carlosjoseperezsamano dijo...

Ya sabes, para servirte jaja